Bienvenidos a Semanario Analisis Digital
Versión Impresa del Semanario Analisis | Jueves, 13 de setiembre de 2012
Volver a Analisis Digital | Ediciones Anteriores
puntos
12/09/2012 -  tiempo  7' 47" - 12031 Visitas Entre 1984 y 1992 habría violado a no menos de 50 chicos del Seminario Menor de Paraná El abusador que ocultó la Iglesia
Click para Ampliar
El cura paranaense Ilarraz ya hace algunos años que no se encuentra en el Seminario, pero ahora está al frente de una parroquia en Monteros, provincia de Tucumán.
El Arzobispado de Paraná nunca denunció ante la Justicia el abuso cometido por un cura del Seminario Menor. Por lo menos 50 chicos de entre 12 y 14 años, quienes recién empezaban su carrera religiosa, fueron violados entre 1984 y 1992 por el entonces prefecto Justo José Ilarraz, oriundo de la capital entrerriana, según se reveló a ANÁLISIS. En el ’93 se inició un Juicio Diocesano, donde declararon innumerables jóvenes, que reconocieron las perversidades que les hacía el sacerdote cuando eran apenas niños, pero optaron por ocultarlo. En esto último tuvieron responsabilidades el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic, al igual que el actual titular, Juan Alberto Puíggari, quien fuera prefecto del Seminario Mayor del establecimiento en esos años. Como castigo, el cura pedófilo fue enviado al Vaticano durante un año. En los últimos tiempos, un grupo de curas, al igual que víctimas y ex seminaristas le reclamaron la expulsión de la Iglesia de Ilarraz -quien cumple funciones en una Parroquia de Monteros (Tucumán)- y la denuncia judicial, pero jamás hubo respuestas. Daniel Enz

Ninguno tenía más de 12, 13 o 14 años. Eran casi niños. Con cada uno de ellos hizo lo mismo entre 1984 y 1992. Los acariciaba, los bañaba, los besaba en la boca, los masturbaba, los penetraba. Los descubría sexualmente y los condicionaba. Eso que sucedía entre las cuatro paredes de su habitación privada del Seminario o en el baño, no se tenía que enterar nadie. Si alguien traicionaba ese pacto perverso de confidencialidad la iba a pasar mal. Iba a empezar la hora de las represalias y se acababan los privilegios: los caramelos, los chocolatines, la buena comida, la tv o las películas en video que por las noches podían ver en esa habitación, sin pasar frío ni angustias por el cariño interminable del prefecto religioso. “Ustedes deben saber que ahora, nuestra amistad es más grande. A mayor confianza, mayor es el amor y la amistad”, repetía el cura abusador todas las noches.

Por cada año, casi siempre los elegidos eran cerca de 10. Los cálculos más acotados indican que por lo menos unos 50 chicos fueron abusados en esa década; las estadísticas mayores hablan de cerca de 80. Casi todos los jóvenes eran de la zona de Paraná Campaña, provenientes de familias de campesinos, donde la vocación religiosa suele ser más fuerte. “Siempre existió una relación muy particular entre las familias de la gente de campo de toda esta región con el Seminario de Paraná. Ellos colaboran mucho con la Iglesia y cuando traen a sus hijos, apenas saliendo de la niñez, saben que los dejan en manos de Dios y que de allí saldrán religiosos hechos y derechos, de los que siempre se sentirán orgullosos”, indicó a ANÁLISIS uno de los religiosos.

Lo que nunca midieron fue que allí dentro, en medio de tanta gente con deseos de hacer cosas buenas por la Iglesia y la sociedad, existía un depravado y con cierto poder en ese ámbito.

El Seminario de Paraná siempre se dividió en dos secciones: el Seminario Menor y el Seminario Mayor. En el primero de ellos se encuentran ubicados los chicos de entre 12/13 y 14 años. A partir de los 15, ya pasan al Mayor. En 1989, los más chicos estaban a cargo del prefecto Justo José Ilarraz, nacido en Paraná en julio de 1952 y domiciliado al comienzo de calle 25 de Junio. Ilarraz fue ordenado como sacerdote el 8 de diciembre de 1983, después de educarse en el Seminario, en tiempos en que el conductor era Alberto Ezcurra, fundador del Grupo Tacuara, seguidor desde joven del cura fascista Julio Meinvielle, del furioso anticomunista Jordán Bruno Genta y quienes también tenían como referente ideológico al fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. Ezcurra era el jefe máximo del Seminario y un mimado del entonces arzobispo de Paraná y vicario castrense, monseñor Adolfo Servando Tortolo.

Ilarraz era el prefecto del Seminario Menor, mientras que el cura Juan Alberto Puiggari -actual arzobispo de la capital entrerriana- se desempeñaba como el prefecto del Seminario Mayor. El rector era el sacerdote Luis Alberto Jacob, designado por el entonces arzobispo coadjutor y administrador apostólico de Paraná, Estanislao Esteban Karlic. El prelado que venía de Córdoba y que llegara para reemplazar a Tortolo -ante el avance de su enfermedad- fue nombrado el 19 de enero de 1983. Tras la muerte de Tortolo, en abril del ’86, asumió como arzobispo.

Los niños se encontraban en el pabellón del Seminario, ubicado en el final del predio, en el ala derecha. Eran 100 camas, solamente separadas por una mesita de luz. Al fondo estaba el baño y las duchas. El cura Ilarraz estaba siempre cerca. Tenía una habitación pegada a la capilla, casi lindante con el pabellón, que a su vez estaba contigua a la del rector Jacob.

Ilarraz venía de ser secretario privado y chofer personal de Karlic y se transformó en un hombre de su plena confianza. No pocas veces lo trasladó a monseñor, en el auto de la Curia, a ver a su hermana a Córdoba, donde residía. De hecho, ese lugar de poder y privilegio en cercanías del arzobispo fue el primer cargo que tuvo el cura a poco de ser ordenado. Era el ecónomo de la Curia y también manejaba la librería San Francisco Xavier, ubicada en la estructura del edificio del Arzobispado. “El levantó la librería y Karlic lo adoraba por eso. Además, era fanático del santo, cuyo nombre quedó estampado en el logo de la librería”, recordó uno de los hombres de fe. La librería también dispone de una sede en Capital Federal, donde algunos familiares directos de Ilarraz tendrían una relación laboral.

“Es un buen hombre; hizo muchas cosas por el Seminario y eso vale mucho”, repetía monseñor Karlic cada vez que alguien le formulaba algún cuestionamiento a Ilarraz. Con fondos provenientes de Adliswil (Suiza) una comuna del cantón de Zúrich, ubicada en el distrito de Horgen, cuya relación la afianzó el ex cura de Santa Elena, Luis But, en 1982 –cuando asistió en Roma a un Congreso de sacerdotes organizado por el Movimiento de los Focolares, del que participaron unos siete mil sacerdotes- el cura Ilarraz concretó el polideportivo, enrejó y pintó a nuevo al Seminario. Incluso, logró traer la estatua del Buen Pastor allí ubicada, como así también dos cruces enormes, que actualmente están ubicadas en el cementerio del establecimiento y en la parroquia de San Cayetano, en Paraná. La estrecha relación de Karlic con Ilarraz provocaba no pocos cortocircuitos con Puiggari. Más allá de los preceptos de la Iglesia, había distancias, odios y rencores.
Quizás, por el hecho de aplicarse lo que a ellos mismos les enseñaban en el Seminario en sus tiempos de seminaristas, cuando les remarcaban la frase del filósofo inglés Thomas Hobbes, de “el hombre es un lobo para el hombre”. A los religiosos de Paraná o Santa Fe, siempre le remarcaban, en la década del ’60 o ’70, la traducción que hacían de: “el sacerdote para el sacerdote es lobísimo” y se lo decían en latín.

A fines de los ’80, principios de los ’90, la figura de Karlic fue creciendo a nivel nacional e internacional. Considerado uno de los principales teólogos del país -por lo cual, a pedido de Juan Pablo II, fue uno de los redactores del Nuevo Catecismo Universal-, a fines de la dictadura prácticamente esquivó a los representantes castrenses y formalizó buenas relaciones con el poder político, aunque siempre manteniendo un bajo perfil. Férreo opositor de la Ley del Divorcio y enfrentado con el ex gobernador Sergio Montiel (UCR) por los coletazos del Congreso Pedagógico propiciado por el ex Presidente Raúl Alfonsín, en verdad siempre tuvo mejor relación con los hombres del justicialismo. Apoyó a Carlos Menem en su idea de indultar a los ex comandantes, militares y a ex jefes guerrilleros y fue hombre de consulta de Jorge Busti y Mario Moine. Fundamentalmente de éste último, por su ligazón histórica a la Iglesia. Esto hizo que Karlic apoyara públicamente la aprobación de la ley que determinó el despido de numerosos empleados públicos en la Administración Pública, aunque luego retrocedió e hizo de mediador para dar marcha atrás en la iniciativa. También llegó a sugerir nombres para algunos gabinetes o el Poder Judicial, que de inmediato fueron aceptados.

“Karlic vivía viajando a Roma a fines de los ’80 y depositaba toda su confianza en Ilarraz en lo referido al manejo del Seminario”, se acotó. “El se manejaba con total libertad. Nadie le podía decir nada. Iba y venía en el Renault 12 del Arzobispado o en la camioneta Ford, en la que paseaba a los chicos. No tenía días ni horarios; se levantaba cerca de las 9 de la mañana, salía en todo momento y regresaba a cualquier hora. En varias instancias le echaba la culpa a que tenía reuniones con dirigentes del Club Patronato, con los que trazó una relación”, recordó un ex seminarista.

El cura prefecto -quien tenía no más de 32 años cuando se instaló en el establecimiento religioso- había logrado la inserción de numerosos jóvenes al establecimiento religioso, en función, fundamentalmente, de su tarea militante por localidades de Paraná Campaña, entre septiembre y octubre de cada año. “Era un impulsor de la vocación religiosa y las familias de zonas de campo lo recibían con los brazos abiertos y le depositaban con total confianza y amor a sus hijos que recién terminaban la escuela primaria”, indicó otro conocedor del tema.


(Más información en un Informe especial de 5 páginas, en la edición gráfica de ANALISIS del 13 de septiembre de 2012)
Enviar Imprimir
ULTIMA EDICIÓN
EDICIÓN ACTUAL
Servicios
Envianos
tu noticia
Las mas leídas
Analisis Digital | Director | Denuncias | Contáctenos |  Pagina de Inicio |  Agregar a Favoritos |