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26/04/2007 -  tiempo  4' 58" - 5610 Visitas Reportaje a Julio Federik, abogado “Soy un tipo formado para la pelea”
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Julio Federik.
No hablar del nuevo Código Procesal Penal con Julio Federik implica algo de esfuerzo y varias interrupciones. El resultado: jugosos recuerdos de su desempeño como juez federal durante la dictadura, detalles acerca de su trabajo en Buenos Aires y opiniones sobre el ejercicio del Derecho. Todo mezclado con esgrima, música, poesía. Luciana Dalmagro

No hablar del nuevo Código Procesal Penal con Julio Federik implica algo de esfuerzo y varias interrupciones. El resultado: jugosos recuerdos de su desempeño como juez federal durante la dictadura, detalles acerca de su trabajo en Buenos Aires y opiniones sobre el ejercicio del Derecho. Todo mezclado con esgrima, música, poesía.

Julio Alberto Federik, 52 años, abogado, no aparece sino que irrumpe en la sala de espera de su estudio jurídico. “Por favor, tengo que mandar ese e-mail”, instruye con vozarrón, a la vez que saluda con beso y sonrisa y pide algo de paciencia. Es muy alto, calvo y usa bigotes. Viste traje azul, camisa celeste y corbata al tono.

Alfombra, muebles de oficina modernos, teléfonos y computadoras ocupan el ambiente, cuyas paredes están cubiertas por certificados de diversos congresos y seminarios. Radio 10 sale desde los parlantes de una computadora. Chiche Gelblung da paso al noticiero de las 19.30. Hay revistas sobre una mesita: “Cómo trabaja la ciencia contra el crimen” es el título de tapa de un ejemplar de Muy interesante. El propio Federik aparece en varias páginas de publicaciones jurídicas, expresándose siempre acerca del mismo tema: la reforma del Código Procesal Penal. El desafío será hacerlo hablar por dos horas pese a sus limitaciones de tiempo y que en lo posible el nuevo Código no sea mencionado. Y el objetivo se logra.

“Estoy muy cansado, muy pero muy cansado”, arranca contando. Y resulta lógico: vive de lunes a miércoles a la mañana en Paraná, se va a Buenos Aires por la tarde, trabaja allí hasta el viernes después del mediodía y regresa a pasar el fin de semana en familia. Sostiene esa rutina desde hace casi 17 años.

Desembarcó en Capital Federal a principios de los 90, convocado por la Corte Suprema de Justicia para dictar cursos. Conoció gente, se entusiasmó, montó un estudio y comenzó a trabajar allá. El estudio de Buenos Aires está ubicado en Constitución y es más importante estructuralmente que el que tiene en Paraná. Viaja siempre en auto. Antes lo acompañaba su esposa y era ella quien manejaba. Ahora ese rol lo cumple uno de sus secretarios. “En avión no se puede viajar y en colectivo no puedo ir porque ronco mucho”, explica.

Militantes y militares

A principios de los 80, en plena dictadura, Federik fue designado juez federal ad-hoc, en reemplazo de Jorge Enríquez. Intervino en una etapa de la causa por el atentado contra el general retirado Jorge Esteban Cáceres Monié y en un expediente en el que se acusaba de asociación ilícita calificada a varios militantes que, para entonces, estaban presos desde hacia años. “Fue lo más importante que hice durante esa época. Pero a la vez lo sentí como algo muy peligroso”, recuerda. El 29 de marzo de 1982 dispuso la libertad de 21 presos políticos que se hallaban detenidos en Paraná. Enríquez les había dictado la prisión preventiva en 1976.

-¿Cómo llegó a ocupar ese cargo?
-Enríquez fue recusado no recuerdo si por Luis Brasesco o René Bonfils. Yo integraba la lista de jueces ad-hoc bastante abajo, pero Enrique García Vittor, que entonces era secretario, me llamó y me explicó que no podía ubicar a ninguno. Asumí y revoqué el pedido de recusación, pero Enríquez se excusó y me mandó la causa a mí. Yo era muy joven. Los otros integrantes de la lista tenían la edad de mi padre.

-¿Cómo logró dejar libres a los presos políticos?
-Al día siguiente de asumir cambié la calificación y los puse en libertad a todos los implicados en esa causa. En días previos, estaba en mi casa y sonó el teléfono. Era García Vittor para avisarme que había llegado la primera amenaza de la Triple A. Recuerdo que me reuní con los detenidos en el penal. Ellos me preguntaron si estaba amenazado y les dije que no se preocuparan, que iba a resolver más allá de cualquier amenaza. Un sábado a la mañana nos constituimos junto a García Vittor y Bernardo Aranguren en la cárcel para hacer efectiva la libertad de los detenidos. Algunos tenían mucho miedo de que los estuvieran esperando afuera para matarlos y yo realmente no les podía dar ninguna garantía. No sabía qué iba a pasar y el lugar era un hervidero de servicios.

-¿Qué repercusiones tuvo su decisión?
-Le pedí a Etchevehere que publicara la resolución completa. Pensaba que si la gente sabía eso me iba a proteger. Siempre estuve agradecido por eso, ya que la resolución se publicó íntegra en página siete. Y a nivel nacional se armó un barullo muy grande cuando estos chicos quedaron libres.

-¿Cuál fue su reacción ante las amenazas?
-Mandé a mi mujer y a mis hijas al campo. Tenía mucho miedo por mi familia.

-¿Y de la causa Cáceres Monié qué recuerda?
-Pensé que me estaban cargando cuando me llamaron nuevamente para ser juez ad-hoc. Sucedió que todos los de la lista se iban excusando y el que seguía aceptaba la excusación del anterior, hasta que se llegó a mi nombre. Decreté la nulidad de todas las excusaciones anteriores y mandé el trámite en consulta a la Cámara. Dijeron que yo tenía razón, pero que era el único que había asumido la jurisdicción así que tuve que seguir. Me tocó producir la prueba de la defensa en la causa Cáceres Monié. Fueron los ocho meses más terribles de mi vida.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)
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