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04/04/2007 -  tiempo  7' 24" - 4315 Visitas Perfiles de los miembros más importantes de la Asamblea de Gualeguaychú Capitanes para una lucha
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La Asambea Ciudadana Ambiental tiene el apoyo de la comunidad, pero cuenta con algunos referentes.
Hace poco más de cuatro años estos nombres no tenían conexión alguna y los siguientes renglones no hubiesen representado más que una lista de 10 habitantes de Gualeguaychú: Alfredo De Ángeli, Martín Alazard, Oscar Bargas, Lalo Moreyra, Alejandro Gahan, Juan Veronesi, Gustavo Zapata, Jorge Fritzler, Pepo Pouler, Fabián Moreno Navarro. Sin embargo hoy, quien los lee podrá identificarlos como asambleístas o ambientalistas o ecologistas o piqueteros, según le parezca. Lo cierto es que sus vidas han cambiado, sus copoblanos los reconocen como referentes de una lucha en defensa del medioambiente y sus teléfonos pasaron a formar parte de las agendas de productores y periodistas de diversos medios de comunicación. Quiénes son, a qué se dedican, cómo y por qué empezaron a participar de la protesta en contra de las papeleras. Hace cuatro años no tenían conexión alguna, hoy todos quieren una misma cosa: que se vaya Botnia. Sabina Melchiori
(desde Gualeguaychú, especial para ANALISIS)


Hace poco más de cuatro años estos nombres no tenían conexión alguna y los siguientes renglones no hubiesen representado más que una lista de 10 habitantes de Gualeguaychú: Alfredo De Ángeli, Martín Alazard, Oscar Bargas, Lalo Moreyra, Alejandro Gahan, Juan Veronesi, Gustavo Zapata, Jorge Fritzler, Pepo Pouler, Fabián Moreno Navarro. Sin embargo hoy, quien los lee podrá identificarlos como asambleístas o ambientalistas o ecologistas o piqueteros, según le parezca. Lo cierto es que sus vidas han cambiado, sus copoblanos los reconocen como referentes de una lucha en defensa del medioambiente y sus teléfonos pasaron a formar parte de las agendas de productores y periodistas de diversos medios de comunicación. Quiénes son, a qué se dedican, cómo y por qué empezaron a participar de la protesta en contra de las papeleras. Hace cuatro años no tenían conexión alguna, hoy todos quieren una misma cosa: que se vaya Botnia.

-Juan Veronesi y Gilda Bilinski. Al otro lado del río Gualeguaychú, camino al Ñandubaysal, viven Juan y Gilda Veronesi, dos de los más de 3.000 habitantes que tiene Pueblo Belgrano. Allí, a la vera de la ruta que lleva al balneario más importante de la ciudad y el único que baña sus costas con el agua del Uruguay, los Veronesi tienen su pequeña fábrica de miel, dulces y escabeches. Su negocio de productos regionales es una parada inevitable para los turistas que visitan Gualeguaychú. En verano, de regreso del río, puede verse una gran cantidad de autos estacionados y gente eligiendo alguno de los dulces caseros, quesos, salames, alfajores o escabeches que vende la familia. Pero los Veronesi no vivieron siempre en Gualeguaychú, la mayor parte de sus vidas la pasaron en Formosa: primero en Pozo del Tigre, un pequeño pueblo ubicado en el corazón de la provincia, y luego, ya con sus tres hijos -Francisco, Victoria y Santiago- se trasladaron a la capital formoseña.

“Nunca nos fuimos de Formosa”, dice Gilda con un claro acento correntino, haciendo referencia a los muchos amigos que dejaron en el norte argentino. En Pozo del Tigre, Juan ejerció la docencia, fue maestro y director de una escuela primaria y profesor de Ciencias de la Educación. Más tarde ganó el concurso de supervisor de Enseñanza Media y Superior, cargo que ejerció estando ya radicado en Formosa capital y del cual se jubiló hace 10 años. Gilda también es docente, maestra de grado, pero ejerció muy poco porque apenas quedó embarazada decidió dedicarse a los trabajos de su casa y al cuidado de sus hijos. Hace cinco años, la familia Veronesi decidió vivir en Gualeguaychú, tierras donde hace 70 años nació Juan y ciudad destino de numerosas vacaciones.

Apenas llegaron, Juan fue invitado por un grupo de vecinos que, advertidos por ciudadanos fraybentinos sobre los efectos que traería la posible instalación de fábricas de pasta de celulosa en Uruguay, venían realizando reuniones para divulgar esta información en el resto de la ciudad. Desde entonces y hasta el día de hoy, Juan y Gilda dedican cualquier minuto libre que tienen a participar de la lucha en contra de la instalación de Botnia.

-Martín Alazard. Martín Alazard tiene 55 años, está casado y es padre de tres hijos. En 1974 se recibió de médico en la ciudad de La Plata. Se especializó en Ortopedia y Traumatología, y más tarde en Medicina Laboral. Desde que era adolescente y hasta hace dos años solía pasar todos los veranos en Montevideo, donde vive gran parte de su familia materna, pero a partir de que Martín comenzó a manifestarse en contra de la instalación de las papeleras “las relaciones se enfriaron por una cuestión de respeto”.

Cuando era chico supo que quería ser médico para “poder hacer algo por alguien”. Soñó con ejercer la medicina en lugares inhóspitos, pero la vida lo llevó a formar una familia y, por lo tanto, a radicarse en un determinado sitio. De todos modos, siente que pudo canalizar aquellos deseos trabajando en el Hospital Centenario de Gualeguaychú.

En 1981, de regreso de la capital bonaerense, refundó, junto con dos amigos, el grupo de Scout Ceferino Namuncurá que había sido desmantelado durante la última dictadura militar. Un año más tarde, de la mano de Javier Villanueva, el actual director de Cultura de la ciudad, formó el Grupo Coral Musicante, con el cual participó en festivales nacionales. Luego, con la sumatoria de la directora teatral Socorro Barcia, conformaron el Grupo Teatral Musicante y continuaron recorriendo el país con presentaciones. Además de su casa ubicada en el centro de la ciudad, su profesión le permitió hacerse cargo de la vivienda que sus padres tenían en la Isla Libertad y donde siendo niño Martín aprendió a querer al río.

Ese amor por el río que lo vio crecer y el que siente por su profesión forjaron su manera de contribuir a esta lucha: informar a la gente, a través de charlas explicativas, acerca del daño que producirá en el cuerpo humano la emanación de dioxinas y furanos por parte de las fábricas de pasta de celulosa. Martín se indigna con la decisión del presidente uruguayo Tabaré Vásquez que, siendo médico oncólogo, avala el funcionamiento de este tipo de fábricas en su país. “Mi propia profesión entra en el descrédito porque está insultando la base del juramento hipocrático de defender la vida ante todo”, asevera.

-Oscar Bargas. A Oscar le cuesta hablar de su vida privada, y cuando lo hace se le torna imposible no ligarla a “la causa”. Sus actividades comienzan temprano, se levanta a las seis de la mañana y, casi todos los días, media hora más tarde comienza a sonar el teléfono. Al atender se encuentra con periodistas y productores de diferentes medios, ávidos por enterarse de las últimas novedades de la Asamblea. Oscar es locuaz, se expresa con claridad y recuerda en detalle todo lo sucedido desde que comenzó esta lucha. Cuando en el 2005, la Asamblea Ciudadana Ambiental, reunida en el teatro Gualeguaychú, lo eligió para que fuera su representante en Finlandia y en Washington, Oscar aclaró que no sabía hablar inglés y mucho menos finlandés; pero tras haber sido convencido y tranquilizado porque iba a estar acompañado por un traductor, sacó pasaporte y marchó a cumplir con su deber. Nació en Gualeguaychú hace 53 años. Su madre, oriunda de Fray Bentos, debió cruzar el río Uruguay en lancha cuando las relaciones con Uruguay estaban bloqueadas en 1952, para casarse con su padre.

Con gran parte de su familia viviendo en Uruguay, Oscar, su esposa Ana Angelini y sus cuatro hijos, veraneaban siempre en el país vecino, pero ya hace cuatro años que no cruzan el río. Oscar extraña al Uruguay, a sus amigos de la otra orilla y los asados que todos los años organizaban con el grupo de radioaficionados. Le asusta que Gualeguaychú pierda la calidad de vida y su vinculación con el río. Por eso lucha, por eso ha estado ausente en no más de cuatro asambleas y por eso, todos los días se levanta preguntándose “cómo se hace para que Botnia se vaya”.

-Alfredo Luis De Ángeli. Alfredo camina cuarenta minutos todos los días y come carne y toma vino sólo una vez por semana. Madruga y prefiere acostarse temprano porque así se descansa mejor. Hace ocho meses que vive solo. Su pequeño departamento del centro de Gualeguaychú es el lugar al que retorna durante sus escasos ratos libres. A sus trabajos como productor agropecuario, contratista rural y presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos, sumó su activa participación en los cortes de ruta y las asambleas, no sólo de Gualeguaychú sino también de Concordia y Colón. “Yo siempre peleé por la justicia social -dice- y esto es parte de la justicia social, de mi filosofía de vida”. Alfredo se refiere a sí mismo como “un tipo muy trasgresor y uno de los opositores más grandes que tuvo el gobierno neoliberal del menemismo”.


(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)
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