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19/12/2018 -  tiempo  5' 25" - 314 Visitas Anticipo del nuevo libro de Mauro Szeta y Mauro Fulco Nahir, la asesina menos pensada
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Nahir, el nuevo libro de Mauro Szeta y Mauro Fulco.
En la madrugada del 29 de diciembre de 2017, en la ciudad de Gualeguaychú, nadie presagiaba lo que estaba por suceder. Cuando se supo que Fernando Pastorizzo había sido asesinado por su novia, Nahir Galarza, de 19 años, la atención mediática se disparó de forma descomunal. La cara angelical de esa jovencita contrastaba con la frialdad del crimen. ¿Quién es realmente Nahir Galarza? ¿Cómo es posible que una chica que tiene todo para ser feliz pueda idear un crimen de esta magnitud? ¿Qué la llevó a matar a su novio de dos tiros sin titubear? Los periodistas Mauro Szeta y Mauro Fulco siguieron el caso desde el comienzo y cuentan en su libro datos nunca antes revelados: el perfil psicológico de Nahir, la denuncia de un falso secuestro en su adolescencia, la tormentosa relación que mantenía con Fernando y los detalles más crudos de sus distintas versiones del crimen, de la negación a la confesión. ANÁLISIS reproduce en exclusiva fragmentos de la publicación realizada por editorial Sudamericana.
Una parejita adolescente se dirige con rumbo incierto por las calles de una ciudad inmóvil a bordo de un ciclomotor un tanto desvencijado. Pasean, o al menos eso es lo que piensa uno de ellos dos. El otro se mastica los nervios. Cocina en su mente los detalles más macabros de su plan. El hombre está a cargo del volante, la mujer lo abraza. Es el abrazo más mortífero que dará jamás.

Es de madrugada, y el calor de fin de año agobia. La brisa del río apenas les permite respirar. Los cascos se pegotean a las sienes. Hace instantes nada más se abandonaban al éxtasis en la cama de ella. Como tantas otras veces, pasión en medio de la noche. Jóvenes y bellos, Nahir Galarza y Fernando Pastorizzo se entregaban el uno al otro. Se devoraban. Y después peleaban.
Era una mecánica conocida en esa pareja. Amor, sexo, decepción y pelea.
Momentos más tarde viajan sobre dos ruedas. Confiado y satisfecho él. Ella, tal vez algo ausente. Por fuera, calma, pero su mente es un hervidero. La arquitectura de su obra pergeñada en la más absoluta tiniebla llega a su fin.Se lo pasa rumiando una y otra vez la forma en que concretará su anhelo, una acción que modificará la vida de ambos para siempre. Después de esta noche, nada será igual.

Ante la insistencia de ella, él se desvía. Lo hace salir de la avenida hacia un callejón de tierra. A cincuenta metros, la casa de su abuela. Él -por supuesto- accede. Aquella zona no pertenece a su cotidianidad, pero tampoco le resulta desconocida. Al fin y al cabo es parte del entramado urbano de
Gualeguaychú, a menos de quince cuadras del río y a apenas cincuenta metros de una de las arterias principales.

De pronto, el estallido. Pudo haber sido un petardo navideño. Pero no. La quemazón y el ardor comenzaron a subirle por el cuerpo. Ella, su novia, la mujer con la que había compartido cuatro años de tortuosa relación, lo mira con ojos vacíos.

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Aquella madrugada del 29 de diciembre de 2017 fue un quiebre. A dos días del fin de año, en Gualeguaychú, nadie presagiaba lo que estaba por suceder: el crimen que mantendría a toda la ciudad en vilo y terminaría con la asesina más famosa de la Argentina tras las rejas.

Cuando se supo que Fernando Pastorizzo había sido asesinado por su novia, una joven rubia, de nivel social medio, universitaria, de padre policía, lo que podría llamarse “una chica bien”, la atención mediática y pública se disparó de forma descomunal. Hasta ese momento se trataba de un homicidio más, destinado a las páginas policiales de los diarios locales.

La cara de Nahir, su pelo lacio, largo y amarillo; su look angelical que contrastó con la frialdad y la carencia de emociones al confesar el asesinato. En síntesis: ella.

La exposición se multiplicó. Horas de aire, litros de tinta, enviados especiales, personajes públicos. No fue el “caso Pastorizzo”. Fue el “caso Nahir”.Después de los hechos vino el morbo por conocer al personaje. Su vida, sus pasiones, sus manías y obsesiones. Quién era aquella chica capaz de ejecutar por la espalda y de rematar a su novio en el piso.

El juicio televisado sumó más interés a la historia. Contradicciones, mentiras, engaños y sexo convirtieron al crimen en una suerte de novela mezclada en el formato de noticias. Drama, acción y erotismo.

El elemento que partió las aguas en dos fue la violencia de género. Uno de los atenuantes que intentaron instalar fue que Nahir era víctima, y Fernando Pastorizzo, un victimario. ¿Cuánto había de cierto en esta afirmación y cuánto de construcción de sus abogados para hacerla zafar? Si Nahir hubiese sido varón, ¿se habría discutido tanto si era merecedora de la pena máxima de nuestro Código Penal? Relación tóxica, agresiones cruzadas, reproches, reclamos. Secretos y misterios. Una comunicación contaminada por las descalificaciones; un amor atravesado por la posesión, los celos y las infidelidades mutuas.

WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, las redes sociales como soporte del romanticismo y de la toxicidad.

De no haber modificaciones o atenuaciones en la pena, la condena a prisión perpetua mantendrá en la cárcel a Nahir Galarza durante 35 años. Es decir, podría recuperar su libertad a los 55 años de edad. Toda una vida.

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Empezaba el 29 de diciembre. Ese día, la rutina se iba a modificar muy poco. Aunque faltaban dos días para Año Nuevo, la chica -previsible y ordenada- tenía lista, planchada y empaquetada la ropa que luciría para recibir el 2018.
La madre la despertó. Primero fueron juntas al gimnasio. El hedonismo, el culto al cuerpo como ley inquebrantable. Eligieron ir antes del horario habitual para llegar también a las termas y relajar el cuerpo.

La actividad física quizá sea la más constante y prolongada labor compartida entre madre e hija. Ambas entrenaron durante tres años codo a codo en un gimnasio de la ciudad. Si bien no era uno de los más modernos y
glamorosos, era uno de los más tradicionales en Gualeguaychú. Cada mañana, con algunas infrecuentes inasistencias, las esperaba el profe, Cristian. Tan simbiótica era la relación que si una de las dos faltaba, la otra tampoco asistía. Quienes las vieron ejercitarse las definen como perseverantes y destacan que se alentaban entre ellas para completar la faena. Incluso algunos dudaban del parentesco entre madre e hija y preguntaban si no se trataba de dos hermanas con bastante diferencia de edad.

Después de ducharse y antes de tomar su baño de agua termal, Nahir recargó la batería de su iPhone 6. Usó el cargador de su madre, que tenía un modelo más avanzado de esa marca, el iPhone 7. Nahir usaba una funda gris y rosa. Un objeto tan nimio como el cargador de un celular iba a convertirse en una pieza importante de la historia. Para muchos, el pretexto ideal para arrancar el plan criminal. Un cargador, sí, un cargador.
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