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06/06/2018 -  tiempo  4' 19" - 1323 Visitas La justicia avanza en los negocios con la droga de la estructura municipal y la forma de financiamiento La narco conexión
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La causa narcomunicipio avanzó varios casilleros durante esta semana. El intendente Sergio Varisco declaró como indagado y el concejal Pablo Hernández y la funcionaria Griselda Bordeira, dos personas de su estricta confianza, quedaron detenidos. El juez Leandro Ríos ordenó nuevos allanamientos y profundizó además una línea que puede traer graves secuelas: el mecanismo económico municipal para financiar el negocio del narcotráfico, a través de pagos de contratos de allegados a Celis, pero también los descuentos aplicados a funcionarios cercanos a Varisco. Entre 200 mil y 300 mil pesos mensuales, de fondos públicos, ingresaban a la estructura del jefe narco, según pudo establecer ANALISIS.
D.E.

Toda la atención periodística y de la opinión pública estuvo concentrada en la llegada, declaración y salida del viejo edificio del Juzgado Federal de Paraná del intendente Sergio Varisco y de sus allegados directos, el concejal Pablo Hernández (Cambiemos) y la funcionaria todo terreno, Griselda Bordeira. El lunes último, casi nadie le asignó demasiada importancia a un testimonio clave: el de un humilde empleado municipal, que llegó acompañado de sus jóvenes abogados y declaró en instancia indagatoria a las 15.20. Ernesto Ramón González, de 57 años, quien revistó en la Unidad Municipal 2, la misma de la que se apoderó el jefe narco, Daniel Tavi Celis a poco de iniciado el mandato de Varisco, como parte de su acuerdo político. González es uno de los que aparece en el listado encontrado a la mujer de Celis, Luciana Lemos, en la comercialización de cocaína. El hombre hace casi cuatro décadas que es empleado municipal, en barrido y limpieza. A pocos días de asumir Varisco, lo fueron a ver para decirle que se tenía que presentar el 11 de diciembre de 2015 en la Unidad Municipal 2 Oeste de Paraná.

Si bien Celis exigió ser el jefe máximo de la mencionada repartición, que está en calle Pronunciamiento 624, en San Agustín, Varisco no hizo lugar al pedido. Tavi quería ser funcionario público y, al no lograr su cometido, optó por nombrar a otro hombre de su extrema confianza: Hernán Jesús Rivero, que era el fotógrafo de la agrupación.

Rivero tuvo cierto protagonismo en la gestión de Blanca
Osuna, en la coordinación de unidades municipales, pero decidió renunciar. Mientras tanto, siguió ligado al área de prensa de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, donde había ingresado a fines del segundo gobierno de Sergio Montiel, en condición de archivista.

Al decreto se lo dieron en mano el 4 de enero de 2016, pero tenía fecha del 18 de diciembre de 2015. O sea, una semana después de asumir el nuevo presidente municipal.
—Vos me hacés caso a mí, porque así está acordado con Varisco. Yo soy tu jefe, ¿estamos? Y si no estoy yo, por alguna circunstancia, el que te dará las órdenes será Cristian Silva -le ordenó Celis apenas asumió su encomendado.

Obviamente, ni Celis ni Silva tenían cargo alguno. Pero Silva era quien “administraba” los sueldos de los allegados a Celis, lo que, de alguna manera, servía para la logística del negocio narco.

Rivero no desconocía la estrecha relación de Varisco y Celis. Cuando el hombre se sumó a la campaña por la candidatura a intendente, fue el propio Varisco quien le dijo que se reuniera con Celis para trabajar en los barrios de San Agustín y La Floresta y que cualquier necesidad que hubiera, tenía que pedírsela al capo narco.

Silva llegó a Celis a través del concejal Pablo Hernández. Era su amigo del barrio y también militaba para la UCR. De hecho, la promotora política de San Agustín se instaló en la casa donde vivían los abuelos de Silva, en la esquina de Acebal y Ameghino y ya trabajaron en la campaña de Varisco gobernador, en 2003, pese a que era un objetivo imposible.

La relación Celis-Silva saltó a la luz el 27 de mayo de 2015, cuando personal policial interceptó a Cristian Silva, a quien se le encontró un auto de alta gama totalmente adulterado en sus números de motor y chasis, por triplicado. El automóvil, un Scirocco último modelo, tenía pedido de captura de un juzgado de Capital Federal y no contaba con documentación alguna. Hasta ese momento aparecía como chofer de campaña de Varisco, en un colectivo que se movía a los diferentes barrios. De hecho, en la puerta de su casa, al momento de ser allanada por la justicia, había un bus ploteado que decía “Varisco intendente” con el sello del Movimiento Vecinalista del Oeste (MVO), la agrupación de Celis. Los policías de Toxicología venían siguiendo los movimientos del automóvil en semanas previas, porque aparecía en lugares fijos de venta de marihuana, de determinados barrios de Paraná y siempre terminaba estacionado en la vivienda de Tavi Celis. Cuando se le consultó a Varisco, enseguida salió al cruce: “Yo no tengo nada que ver con este hombre”, afirmó. “Uno anda por todos los barrios, haciendo campaña día a día y la gente se va sumando”, acotó. Sostuvo además que no tenía conocimiento de la utilización de un colectivo de campaña manejado por Silva, como referente del Movimiento Vecinalista del Oeste. Varisco dijo que, pese a sus dimensiones, nunca vio el bus. O sea, las mismas respuestas de los últimos días. No sé. No conozco. No sé de qué me están hablando.


(Más información en la edición gráfica número 1079 de la revista ANALISIS del jueves 7 de junio de 2018)
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