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06/06/2018 -  tiempo  4' 8" - 186 Visitas El sentido de la profesión ¿Para qué sirve ser periodista?
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Se conmemora en Argentina un nuevo aniversario de la fundación de la Gazeta de Buenos Aires de Mariano Moreno. Pero casi nadie se pregunta por el sentido de la existencia del periodismo. “Entrevistamos” a los periodistas Karl Marx, Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo y Pierre Broué. ¿Debe existir el periodismo? ¿Qué periodistas deben ejercer qué periodismo? Un periodismo asociado estratégicamente a las mayorías acalladas. Un periodismo que, en la inevitable hora de elegir y tomar partido, lo haga por la clase obrera y los sectores populares.
Por Daniel Satur

Cuenta la historia que el 7 de junio de 1938 se realizó el Primer Congreso de Periodistas en Córdoba. Allí se estableció esa fecha como Día del Periodista, coincidiendo con la de la salida a la calle del primer número, en 1810, de la Gazeta de Buenos Aires de Mariano Moreno. El lema de la Gazeta era una interesante máxima liberal: “Tiempos de rara felicidad son aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo” .

Hoy, con tanta tinta corrida bajo el puente, la gran mayoría de la gente cuando lee los diarios y escucha los noticieros simplemente siente que se está informando. Que hay alguien en algún lugar que se encarga de saber lo que pasa, de analizarlo y de contárselo al resto de la gente.

Pero vivimos en una sociedad donde una clase minoritaria tiene todo en su poder y donde una enorme mayoría no tiene más que la posibilidad de ser explotado a cambio de su subsistencia. Es en esta sociedad, dividida entre quienes explotan y quienes sufren la explotación, donde unas pocas personas ocupan ese lugar privilegiado de “saber qué pasa y contarlo”.

¿Debe existir el periodismo?

La pregunta es válida, toda vez que el periodismo nos demuestra día a día que se puede obtener mucho poder vendiendo la palabra a quien mejor pague por ella. Si toda la tarea periodística se va a basar en recibir las órdenes, decorarlas y producirlas para entregarlas acríticamente todos los días a la misma hora y por el mismo canal, es legítimo pensar si realmente sirve para algo sostener al periodismo y a sus periodistas, comprarles sus diarios, sintonizar sus emisiones y consumir sus supuestas verdades.

Porque, en última instancia, si no nos van a decir la verdad, ¿para qué les tenemos tanto respeto? ¿Y entonces, por qué somos periodistas?

Porque vemos esa sociedad divida en clases y no nos gusta. Porque somos parte de esa parte de la sociedad que, en la división, se llevó la peor parte. Porque de a poco fuimos entendiendo que entre lo que se hace y lo que se dice hay una relación dialéctica.

Y así nos convertimos en responsables de contar. Porque vemos la verdad delante de nuestros ojos (que no son tan distintos a los del albañil, a los de la enfermera, a los de la empleada de comercio) después de masticar tanta mentira. Mientras miles y miles no la terminan de ver porque siguen padeciendo el bombardeo maloliente que impide creer que es posible otra historia. Una historia propia, donde las grandes mayorías sean protagonistas y donde a quien explota y quien reprime a su servicio se los confine al más merecido bajo fondo.

Eso sí, la verdad, que es revolucionaria, tiene que ser bien contada, con las mejores palabras, con las más bellas expresiones, con lujos de detalles. No podemos caer presas de acostumbramientos.

La explotación no va terminar porque digamos las cosas más bonitas, pero a los millones de explotadas y explotados sí les interesa luchar por algo que valga la pena, algo bien distinto a la gris monotonía de gerentes y gendarmes marcando el paso.

¿Qué periodistas para qué periodismo?

Atentas y atentos, para que no nos pase de largo la verdad. Curiosas y curiosos, para que cuando la encontremos le saquemos hasta la última gota de sentidos. Fuertes, por si hay que correrla. Desconfiadas y desconfiados, por si se entrega sin resistencia. Abiertas y abiertos, para enamorarnos de ella si es preciso. Locas y locos, para animarnos a contar hasta aquello que nos lastima.

Hace falta ese periodismo. Un periodismo que no piense en sí mismo sino en las mayorías. Un periodismo que no se crea imprescindible. Un periodismo que se nutra del sufrimiento y las penurias de las masas. Un periodismo convencido de dar la batalla por dar vuelta la historia, aportando lo que sabe. Que cuente lo mejor posible, cada vez a más personas, la verdad que va construyendo el pueblo trabajador en su lucha cotidiana por dejar de, solamente, subsistir.

Un periodismo asociado estratégicamente a las mayorías acalladas. Un periodismo que, en la inevitable hora de elegir y tomar partido, lo haga por la clase obrera y los sectores populares.

Si no se asume así, aunque adquiera la maestría de la palabra, su destino será el de la triste tarea (muy bien remunerada) de defender al sistema de opresión y explotación que contrató sus servicios.


(Más información en la edición gráfica número 1079 de la revista ANALISIS del jueves 7 de junio de 2018)
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