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06/09/2017 -  tiempo  4' 30" - 234 Visitas Maldonado, la grieta y la frivolización de los derechos humanos, según Gustavo Lambruschini El disparate de quedar como antimacrista o prokirchnerista
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La desaparición de Santiago Maldonado convocó a una de las manifestaciones más grandes que experimentaron las ciudades entrerrianas.
La desaparición de Santiago Maldonado convocó a una de las manifestaciones más grandes que experimentaron las ciudades entrerrianas, como otras argentinas, en los últimos años. Fuera de las fechas convocantes de modo periódico, como el 24 de marzo, el reclamo se sintió con especial fortaleza en la noche del viernes 1° de septiembre de 2017. Para el filósofo y catedrático Gustavo Lambruschini, el reclamo es auténtico, legítimo y valorable, pero advierte que hay que poner el eje en el verdadero autor de la desaparición: el Estado, que no es lo mismo que el gobierno. Jorge Riani

-¿Se puede discutir de política mientras Santiago Maldonado no esté? ¿O mientras Santiago no aparezca usted cree que debemos prescindir de los debates preliminares, coyunturales o periféricos?

-Creo que debemos discutir política. Pero antes que nada debemos partir de una especie de pacto o de sobreentendido y es que todos los que defendemos el periodismo, todo aquellos que defendemos el uso público de la razón, no tenemos la obligación jurídica de la presunción de inocencia que sí tiene una persona con poder sobre la libertad y el patrimonio de los ciudadanos, sino que tenemos la obligación de fundamentar lo que decimos.
Entonces me parece, y esta es la opinión que yo me he formado desde que desapareció Maldonado, es que estamos frente a uno de los viejos y bien conocido fenómeno donde la organización delictiva de las fuerzas represivas del estado de clase ha vuelto a cometer uno de sus conocidos crímenes. Nos sorprende, es un hecho que se reitera.
Pero si me preguntaran qué pasó, yo diría inmediatamente que “lo chuparon” y “se les fue”. Ahora, a partir de acá, no podemos creer en la tontería absoluta que significa que esto está promovido por el gobierno. El gran perjudicado por esto es el gobierno. No hay nadie al que le haya ido peor, con la desaparición de Maldonado, que al propio gobierno.
Dicho esto, agrego que el gobierno, a mi criterio, ha reaccionado de una forma muy tonta. Lo que debió haber dicho inmediatamente es “los cuarenta o los cincuenta gendarmes que participaron el operativo quedan en disponibilidad hasta que esto se esclarezca”. No lo hicieron creo que a causa de carácter sistemático y que consiste en que el tema de los derechos humanos es un tema que reiteradamente se desprecia.
No vamos a enumerar todo lo que se hizo en ese sentido. Pero todas esas cosas muestran que hay una suerte de disposición o de ignorancia que es violatorio del pacto que ocurrió en 1983, cuando habíamos dicho “nunca más”.

-Lo que usted dice es: es peor de lo que pensamos, porque más que el gobierno, el autor de la desaparición fue el Estado.
-Exacto. Es el Estado. Podemos inferir y esto tenemos que destacarlo especialmente a partir del tiempo que denunciamos la desaparición, no sé si forzada porque esto es una cuestión vinculada a la carátula de un expediente, cuyos fundamentos todavía no se conocen, es que hay desaparecidos de primera y desaparecidos de segunda. A mí me pareció muy interesante lo que dijo, en un artículo del diario Perfil, el líder de los qom, Félix Díaz. Allí dice que si Maldonado no hubiese sido blanco, o mejor dicho, si hubiese sido indígena lo ignorarían, como a su nieto desaparecido.
Esto es comparable a lo de Julio López; solamente que con Julio López todo el mundo dice, de una manera completamente plausible, “fue la Policía bonaerense” con la complicidad de los que estaban en funciones. Y los más importantes de todos, que son los más ignorados por todos, los desaparecidos de La Tablada. Voy a recordar, sobre todo, a quien fuera un amigo mío: Francisco Provenzano, que desapareció en democracia, y que el fiscal que tenía que investigar eso era (Alberto) Nisman, que en ese momento era fiscal en Morón.
Entonces, hay desaparecidos y desaparecidos. Y en este caso hay un evidente, ostensible y yo diría hasta ridículo uso político de la desaparición de Maldonado.

-Es un gran problema que las distintas posturas sobre Maldonado dividan al mundo entre macristas y kirchneristas, y que según lo uno diga, haya una valoración con alguna de esas categorías.
-Nosotros hemos padecido como nación el hecho más reprochable que hizo el kirchnerismo: haber transformado a la causa nacional de los derechos humanos en un hazmerreir, y eso hace, por ejemplo, que un muchacho joven de veinte años puede decir muy suelto de cuerpo que Hebe de Bonafini es una corrupta, lo mismo Carlotto. Y todos nosotros, que sabemos lo que hicieron en aquella época ambas, tenemos más reticencia para hacer esa afirmación, pero de hecho sabemos que ellas dos, para usar dos figuras emblemáticas, violaron el compromiso de que la sangre derramada no iba a ser negociada.

Entonces en este momento el problema de los derechos humanos se encuentra totalmente frivolizado, empantanado y parece ser que si uno adhiere a lo que no puede dejar de hacer por un imperativo moral, categórico, como es la aparición con vida de Madonado, inmediatamente quedara como antimacrista y prokirchnerista, lo cual es un disparate total y absoluto. Eso como parte de la perversión de lo que considero como una falsa grieta. Porque estamos ante una falsa grieta. El país está paciendo esa falsa grieta entre el peronismo, en la versión k, y el macrismo o Cambiemos.


(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS del jueves 7 de septiembre de 2017)
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