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09/08/2018 -  tiempo  5' 13" - 563 Visitas Columna de opinión Una batalla más en una larga guerra
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"En la larga guerra de la Libertad han ganado una insignificante batalla entre muchas y sucesivas derrotas".
Aquella fue la gran derrota histórica del sexo femenino.

Engels.

¡Iglesia, basura, vos sos la dictadura!

Vieja consigna ahora reeditada.

¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!

Vieja consigna.

En la larga guerra (cuyos orígenes se remontan al neolítico) el patriarcado acaba de infligirle una derrota momentánea y transitoria al humanismo feminista. La larga guerra contra el patriarcado es mucho más que la lucha por el aborto, aunque ésta sea una batalla decisiva, quizá la más importante y la más trascendente. En el Senado de la Nación (un aguantadero), una vez más, ha triunfado la conocida Santa Alianza reaccionaria de la religión y el Estado güelfo que perpetúan la inmoral relación social del patriarcado. ¿Cuánto pagan y en qué lugares abortan las parientes, las amigas y las conocidas de los hipócritas senadores del doble estándar moral?
Por Gustavo Lambruschini, especial para ANALISIS DIGITAL

Han triunfado la religión y la Teología sobre la Razón. El oscurantismo sobre las Luces. Las supersticiones y las inmoralidades sobre la Filosofía, las ciencias y la Ética. La ignorancia y el dogmatismo clerical sobre la Ilustración. Han triunfado los que sostienen que la vida humana es un "milagro de Dios", los que fabulan que Dios hizo al varón, i. e., al "rey de la creación", a su "imagen y semejanza", y a las mujeres, a "imagen y semejanza" de los varones, los que también sostienen que la Tierra es el centro del universo, sobre los seguidores de Darwin y Galileo. Han triunfado los dogmas religiosos y los valores confesionales inamovibles sobre las verdades y los valores históricos, falibles y conjeturales que siempre deben variar para mejor. Han triunfado las fealdades de los sufrimientos y las miserias humanas sobre el esplendor de la Belleza; la represión mortificadora sobre los deseos vivificantes; el falso trasmundismo de los resentidos contra la vida sobre el Reino de los Fines de los sujetos autónomos y felices; las pasiones thanáticas y las mortificaciones del espíritu, del alma y del cuerpo sobre la liberación y las pasiones vivificadoras de Eros.

Ha triunfado el Estado de facto (el status quo) sobre el Estado de iure, el Estado de Derecho, i. e., el que extrae su legitimidad del Derecho o la Razón práctica, el que adquiere su justificación de la autonomía, del consenso y del consentimiento "contractuales" y potencialmente universales de quienes libremente se obligan. Han triunfado la servidumbre de los siervos de Dios de la iglesia y la coacción y la violencia estatales sobre la autodeterminación, el autogobierno, la autonomía, i. e., la Libertad. Han triunfado las sotanas sobre las polleras y los pantalones indistintamente vestidos. Han triunfado el patriarcado, el despotismo y el paternalismo sobre el liberalismo y el igualitarismo. La voluntad de confinar a las mujeres en la servidumbre doméstica y en la familia sobre la voluntad humanista de su plena integración en la sociedad civil. Ha triunfado el ideal fascista de las "tres K" (Kinder, Küche, Kircher) que reduce la vida femenina a los hijos, la cocina y la iglesia sobre el ideal de la autonomía y la autenticidad de la mujer en una multiplicidad de formas de vida; los que quieren ver a las mujeres pariendo hijos, haciendo pan, cosiendo ropa, fregando y rezando, sobre los que las quieren libres, auténticas y espontáneas. Han triunfado los de arriba sobre los de abajo; el "rebaño" y la "grey" de los "pastores", sobre la libre asociación jurídica del pueblo y la nación. Los privilegios del patriarcado sobre los derechos humanos del humanismo feminista; los privilegios de las jerarquías legitimadas por el Decálogo de Dios y la Teología política (omnis potestas nisi a Deo) sobre los derechos justificados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Han triunfado los colaboracionistas de la Dictadura y los que reconfortaban con discursos edificantes a los sicarios, sobre los reprimidos de entonces y sus espectros que aún claman justicia. Han triunfado el despotismo teocrático y la tiranía del clero sobre el laicismo y la neutralización religiosa del Estado de Derecho; el Estado güelfo del Partido de Dios sobre el Estado laico de los ciudadanos autónomos. Ha triunfado el púlpito autoritario de los dogmáticos sobre la democrática tribuna de los tribunos; los que llaman criminales, asesinas y genocidas a las mujeres que exigen la soberanía de sus cuerpos, sobre los que denuncian a los curas pederastas que sodomizan a jóvenes y niños. Han triunfado los que defienden la vida intrauterina y confían la vida extrauterina de los niños a dichos sacerdotes sobre los que defienden la vida moral que exige felicidad y sobre todo Libertad.

En fin, ha triunfado el maloliente mundo medieval premoderno sobre la modernidad y el modernismo; los viejos decrépitos machirulos, sobre las bellas generaciones juveniles de mujeres y varones; el pasado y las tradiciones obsoletas sobre el futuro preñado de promesas de Libertad y de igualdad. Han triunfado las atrasadas provincias feudales del norte sobre las provincias laboriosas y progresistas. Han triunfado las mujeres hipócritas que disponen para ellas y las suyas del dinero para asegurarse el aborto, sobre las mujeres expoliadas e indigentes, condenadas a la clandestinidad y a la persecución estatal. Han triunfado los que, para escarnio en la prensa internacional, incluyen a la Argentina entre los atrasados países despóticos y teocráticos del mundo sobre los que querían sacarlos de la barbarie e integrarlos a la civilización. Han triunfado los clericales que extorsionan, sobre los hombres libres que piensan y actúan según los argumentos de la Razón. Han triunfado transitoriamente los pañuelos celestes sobre los pañuelos verdes, pañuelos que con el súbito correr del tiempo se vuelven anaranjados.

En la larga guerra de la Libertad han ganado una insignificante batalla entre muchas y sucesivas derrotas. El triunfo es momentáneo y transitorio, hasta que sean superados el machismo, la fealdad, la ignorancia, la inmoralidad y la decrepitud. En las próximas elecciones, los candidatos a ser los "representantes del pueblo" deberán pronunciarse explícitamente, si se presentan como agentes encubiertos y serviles del clero o como comisarios y mandatarios del humanismo feminista que exigirá la expulsión de la iglesia del Estado de Derecho por fin laico.

Foto: La Nación.
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