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12/10/2017 -  tiempo  5' 42" - 797 Visitas Columna de opinión Una Cristina trastornada y olvidadiza
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Parecería que ella pretende ser consultada sobre cuándo le vendría bien darse una vueltita por los tribunales.
No sorprendió a nadie. Fue fiel a su personalidad, estilo irónico y arrogancia. Su conferencia de prensa -reducida a un puñado de preguntas tras una disertación plagada de falacias y resentimiento- la mostró en plenitud. Cristina Fernández atacó al gobierno de Mauricio Macri con imputaciones que la muestran padeciendo el “fenómeno proyectivo negativo”, un mecanismo que lleva a un sujeto a atribuirle a otras personas sus propios defectos y carencias. Es una forma de transferencia en medio de una realidad que le resulta muy complicada, con citaciones judiciales y un horizonte oscuro por sus violaciones al Código Penal como virtual conductora de un grupo de corruptos insertados en la función pública. Encabeza el anti-macrismo, al que poco le duró una supuesta predisposición a colaborar con una gestión que, cuanto menos, demandaba un período de amoldamiento ante la gravísima situación en que le entregaron el Estado, con vicios ocultos y desbarajustes de variado calibre. El 26 de mayo de 2016 señalábamos en esta columna los riesgos de una oposición política y sindical que perdió la memoria y se preparó de entrada para dinamitar la sustentabilidad de un gobierno elegido por casi 14 millones de ciudadanos. Es útil revisar algunas de las expresiones de la ex presidente, donde afloró el odio y brotaron vaticinios apocalípticos. La reunión con periodistas fue el medio elegido por quien no se animó a confrontar con otros candidatos de mayor memoria y precisión.
Por Luis María Serroels,
especial para ANÁLISIS DIGITAL


Sólo las cortesías del macrismo por su exceso de prudencia al no divulgar con mayor precisión y amplitud de elementos toda la verdad del estrago causado por la dinastía Kirchner, permiten que hoy Cristina Fernández pueda participar de una campaña electoral, mientras -para su desazón-, empiezan a surgir citaciones desde los estrados judiciales.

Su descalificación a quien le envió la temida cédula acusándolo de ser partícipe del “primer acto de campaña” y que con tal decisión del juez Claudio Bonadío “se vulneran todas las garantías constitucionales”, suena ridícula. Parecería que ella pretende ser consultada sobre cuándo le vendría bien darse una vueltita por los tribunales, debiendo recodarse que la fecha fijada será después del acto comicial (a la misma hora que abría el encuentro con la prensa, su ex vicepresidente Amado Bodou, volvía a enfrentarse con otro magistrado por graves imputaciones frente a acciones que ella nunca se enteró (?).

Dijo Cristina que “han cruzado todos los límites democráticos” al citar a ella y 13 personas más en pleno proceso electoral (…) algo nunca visto”. En realidad lo que puede calificarse como nunca visto es que una ex presidente convocada a rendir cuentas ante la justicia por una cadena de violaciones a las leyes, pretenda descaradamente volver a una banca donde tendrá protección de los fueros. Y encima –favorecida por una legislación demasiado permisiva-, que se atreva a denunciar “persecución política, degradación de nuestra democracia, un uso partidario obsceno, imposible e inconstitucional, donde actúa el poder judicial en paralelo con el cronograma electoral”.

En sus épocas de mayor autoritarismo, disponía de herramientas en la justicia dedicadas a perseguir, trasladar y hasta poner en comisión a jueces y fiscales probos (pero molestos), contando con una Procuradora General hoy en riesgo de ser separada.

Nadie le recordó el uso discrecional de la Cadena Nacional (con claque incluída), donde llegó al escrache de honestos ciudadanos, poniéndolos bajo la lupa de la AFIP por haber revelado públicamente las dificultades que atravesaban en sus actividades empresarias.

Cuando se puso del lado de los periodistas supuestamente “autocensurados” y sometidos a sus patrones para poder conservar su trabajo, olvidó cínicamente que en su gobierno se echaban a la calle prestigiosos profesionales en medios sometidos por el poder, al tiempo que se compraban “opinólogos militantes”, adquirían emisoras, canales de TV y diarios a los que se regaba con millones de pesos en publicidad (al cohete, si se analiza su bajo nivel de oyentes, lectores y televidentes por falta de credibilidad).

Al denunciar la existencia actual de listas negras, cometió el más claro acto de fenómeno proyectivo. Censuró a miembros del actual gobierno por celebrar tempranamente un triunfo el 13 de agosto, siendo que ella estaba ganando. Esto remite a 2015, cuando uno de los periodistas estrellas K –hoy despedido por un empresario K de raza- anunció pasadas las 18 que Daniel Scoli era el nuevo presidente de los argentinos y Aníbal Fernández gobernador de Buenos Aires.

“Hay un creciente temor en la ciudadanía”, dijo, producto de un “deterioro de la calidad democrática que es avalado por (Mauricio) Macri”. Claro que olvidó que sectores el PJ quieren tenerla cada vez más lejos y le advirtieron que de acceder a una banca deberá formar su propio bloque.

Cuando adjudicó a Milagro Sala la condición de “presa política”, se cuidó de hacer lo mismo con Ricardo Jaime, José López, Lázaro Báez, Caballo Suárez y Pata Medina, tan cercanos a ella, ni defendió a su ex ministro predilecto Julio De Vido. También denunció –en un acto de cinismo- que “el Estado concentra los datos personales de todos los ciudadanos”. Pero sin darse cuenta le hizo recordar al país el Proyecto X, la Unidad Especial de Gendarmería destinada a la vigilancia y seguimiento de ciudadanos, en particular en manifestaciones sindicales y reuniones, urdido con el procesado general César Milani (represor y millonario durante la última dictadura al que le confió la comandancia del Ejército, con el beneplácito de Hebe de Bonafini).

Hace un par de meses en las PASO la ciudadanía del país optó mayoritariamente por candidatos del oficialismo, marcando la declinación evidente de un kirchnerismo al que la propia Cristina parece renunciar al mostrarse como “peronista” (siempre lo detestó a Perón y hasta negó su aporte para un mausoleo en homenaje al líder, diciendo que “para ese viejo de m… no pongo ni un peso”. Es tan peronista que en agosto participó por fuera del Consejo Nacional Justicialista.

No se entiende a qué aludió al decir que “hay deterioro de las garantías electorales” y que “le tomaron el pelo a la ciudadanía”. Y cuando con doble propósito se refirió a declaraciones de Domingo Cavallo en las que caracteriza a la ´90, soslayó que quien prohijó esas ideas, Carlos Menem (hoy sempiterno senador por el Frente para la Victoria) fue calificado por Néstor Kirchner como “el mejor presidente de la historia”.

Hay mucho más para analizar pero el espacio manda. Simplemente vale recodar que el kirchnerismo usó graciosamente fondos del Banco Central, Banco Nación y la ANSES, porque nadie quería prestarle en el exterior. Así los recursos intraorganismos se fueron secando, la inflación aumentó (disimulada por índices falsos del Indec), los superávits mellizos cayeron y la voracidad de los holdouts no se detenía en Nueva York, a cuya jurisdicción el gobierno argentino le cedió su soberanía judicial.

CFK dice desconocer las razones de la nueva citación judicial. Sorprende que su abogado no se lo haya dicho. Al señalar a Macri como responsable de su persecución judicial y que este poder actúa como fuerza de tareas del Ejecutivo, demuestra ignorar que hoy la justicia es independiente (deberá acostumbrarse). El ocaso no perdona. Quien en política miente a sabiendas, debe tener suficiente memoria para contar siempre las mismas historias.
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