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12/09/2017 -  tiempo  4' 54" - 912 Visitas Avances en la misteriosa causa Familia Gil: “Hay algunas medidas pendientes que se van a estar llevando a cabo próximamente”, aseguró el abogado querellante
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Rubén Gil y Norma Margarita Gallego, desaparecidos junto a sus cuatro hijos hace 15 años.
Pasaron 15 años desde que la familia Gil fue vista por última vez en un velorio de la ciudad de Viale. Desde allí, retornaron a la estancia La Candelaria -propiedad de Alfonso Goette en Crucecita Séptima- y nunca más se supo de ellos. En los inicios de la causa hubo serias deficiencias que impidieron avanzar en la determinación del paradero de estas seis personas desaparecidas en enero del 2002. En la etapa de instrucción, la investigación estuvo a cargo de la fiscal Ana María Contín. “La investigación ha tomado un nuevo impulso desde que se hizo cargo de la causa el juez de Garantías Gustavo Acosta”, aseguró Maximilano Navarro, abogado querellante. En esa línea, el letrado que representa a parte de la familia Gil adelantó que “actualmente, hay algunas medidas pendientes que se van a estar llevando a cabo próximamente”. Además, Navarro aseguró que su opinión personal le indica que se trata de “una desaparición forzada” de la familia.
De ANALISIS DIGITAL

Rubén “Mencho” Gil y Norma Margarita Gallego desaparecieron junto a sus cuatro hijos el 13 de enero del 2002. Gil trabajaba en la estancia La Candelaria, propiedad de Alfonso Goette, en la zona de Crucecita Séptima del Departamento Nogoyá. Llevan más de 15 años sin que se conozca un indicio sobre su paradero, en una causa que sigue manteniendo la caratula de “averiguación de paradero”.

Navarro es abogado querellante en representación de Adela Gallego -madre de Norma Margarita- y ejerce la querella en soledad, puesto que el abogado Guillermo Vartorelli tenía la representación de uno de los hermanos Gil, que ya ha fallecido y por ese motivo se extinguió su participación en la causa.

Según la opinión personal del abogado el caso merece un tratamiento de “desaparición forzada de personas”. Se trata de seis personas que desaparecieron sin que haya ningún rastro ni prueba que pueda dar sobre su paradero. “Por supuesto que aún resta determinar el autor y el móvil”, explicó. Por eso sigue siendo clave que se siga buscando el paradero de la familia: “Si se encontrasen los cuerpos, la investigación se simplificaría”, aseguró el letrado en diálogo con Radio UNER Paraná.

Esto no quita que se haya dejado de buscar a la familia Gil con vida. De hecho, año tras año se mantienen los trámites correspondientes a la averiguación de paradero y se busca en los registros de distintas dependencias públicas. Pero el paso del tiempo sin que haya manifestación alguna de algún integrante de la familia, hace tomar fuerza a la hipótesis de que estén sin vida.

En el caso de dar con los restos de la familia, “desde allí arrancaría una nueva etapa de la investigación desde la medicina forense sobre los cuerpos para poder determinar cómo fallecieron, en qué circunstancias y en qué época”.

La investigación actual está a cargo del fiscal Federico Uriburu bajo la órbita del juez de Garantías, Gustavo Acosta. Según Navarro, con este nuevo magistrado se “ha podido trabajar mancomunadamente” y “es una investigación que ha tomado un nuevo impulso”. “Actualmente hay algunas medidas pendientes que se van a estar llevando a cabo próximamente”, aseguró el letrado. Se espera que estas nuevas medidas arrojen pruebas que sirvan para lograr avanzar en la causa.

Hasta el momento no hay pruebas que incriminen a Goette

Desde un primer momento se señaló al dueño de la estancia como un sospechoso de lo que le sucedió a la familia. Pero, hasta el momento, la única intervención de Goette en la causa fue en calidad de testigo. El propietario falleció en un accidente de tránsito en junio del año pasado.

Fue el mismo Goette el que instaló la versión de que la familia Gil iba a viajar a buscar empleo a otra región del país y la fiscal Contín creyó en la versión del estanciero que fue acusado por habitantes de la zona como una persona maltratadora y violenta en el trato con los vecinos y sus empleados. “Hay muchos rumores y versiones, pero no hay nada que le atribuya responsabilidades”, aseguró el abogado.

Goette contrató a la semana siguiente de la desaparición el reemplazo del “Mencho” Gil, para que lleve a cabo las tareas que el desaparecido realizaba en la estancia La Candelaria.

Una mala investigación al principio

Los primeros días de una investigación resultan clave para poder determinar verdad sobre los hechos que se investigan. En el caso de la familia Gil, las deficiencias en la investigación inicial fueron evidentes. El juez de Instrucción Sebastián Gallino recién dispuso la primera inspección en julio del 2003, es decir un año y medio después de la desaparición de la familia. La fiscal Contín dispuso de rastrillajes con perros y escáners de la estancia La Candelaria recién tres años después de la primera denuncia.

“Acá hubo una gran responsabilidad de la fiscal que no le dio la importancia que debió haberle dado a la denuncia, los rastrillajes minuciosos se hicieron recién tres años después de la desaparición. En un primer momento hubo una falta de trabajo que impidió reunir las pruebas inmediatas que se requiere ante este tipo de hechos”, explicó el abogado querellante.

Según el abogado, el accionar de la policía fue el correcto, a pesar de que en su momento hubo dudas sobre el quehacer de algunos funcionarios de la fuerza. De hecho, la información de entonces señaló que Goette les ofreció un asado a los oficiales que realizaban investigaciones en su estancia.

“De la policía no puedo decir nada, porque la gente que anduvo trabajando lo hicieron con mucho esfuerzo. La policía respondió a la fiscal y al juez, porque era el código viejo que ponía al mando de la investigación al juzgado de Instrucción. Faltó dedicación del fiscal, falta de pedidos de prueba que no se hicieron: concretamente el allanamiento del campo, el rastrillaje del campo y el lugar donde vivían los Gil”, agregó.

Navarro señaló que la fiscal Contín actuó de la manera que actuó por “desidia”. “Creyeron la versión que brindó Goette y que dijo que los Gil iban a buscar trabajo a otro lado y nadie más se interesó y abordó otras hipótesis como la de desaparición forzada”, explicó. “Ganó la desidia y el paso del tiempo hizo perder pruebas que son fundamentales”, finalizó.
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