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07/09/2017 -  tiempo  4' 16" - 620 Visitas Carta de lectores Estimados representantes del pueblo argentino
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Honremos la sangre y la cultura de la que provenimos en gran parte.
Quiero hacer escuchar mi voz, como hijo de esta hermosa Nación y como hermano de todos los que la habitan, para avalar la ley 26.160 que suspende los desalojos de tierras indígenas y poner a disposición el pedacito de entendimiento al respecto que alcanzo con mi modesto conocimiento sobre el tema. Entiendo que en esta postura se basa el sentido de participación democrática -y es entonces, en cierta medida, una obligación que asumo-, que en la medida que se practica enriquece y da mejores elementos para la toma de decisiones. Luego, quiero manifestarme porque es mi derecho como ciudadano el ser escuchado y tenido en cuenta. Por Alfredo Berduc (h)*

Como todos sabemos, desde muchísimo antes de que nos constituyéramos como Estado-Nación argentina, este territorio estaba ya habitado por numerosas etnias nativas, las cuales cuando avanzó la conquista comenzaron a ser avasalladas, asesinadas, esclavizadas y mancilladas por los conquistadores en un proceso que negaba incluso la humanidad de las mismas, y cuyos perpetradores utilizaron todos los elementos a su alcance para destruir esas culturas en pos de adueñarse de tierras, riquezas y personas.

Fue ese inhumano accionar el que sostenido en el tiempo devino en que los hijos e hijas de esta tierra americana, ya mezclados y encontrando otra forma de organizarse, fuéramos entendiendo que teníamos legítimo derecho a auto-organizarnos y rebelarnos contra la injusta dominación externa, y de allí nuestra emancipación, que aunque no se nos enseñe de tal manera en la escuela, hubiese sido imposible sin la ferviente y activa participación de muchísimas valerosas personas de nuestros pueblos originarios, para lo que solo menciono como ejemplo a los guaraníes que formaron el cuerpo de granaderos del General San Martín, a los abipones, a los compañeros de lanza de Juana Azurduy en el Norte, los charrúas que defendieron la frontera este con Artigas y a los Guaraníes del General Andresito que extendieron la resistencia en el Litoral Norte ante el avance lusitano.

Fueron también mapuches aquellos que parlamentaron con San Martín y abrieron un cerco para que éste libertara Chile en su épico cruce de los Andes, cuando éste se comprometió a respetar sus tierras y destino, creyendo que el devenir del país en pañales haría honor a estos acuerdos. Pero lamentablemente no fue así, aunque en esas luchas se regó una vez más estas tierras, con sangre aborigen, una vez liberados de la opresión externa, nos empeñamos en profundizar el exterminio y como sociedades nos hicimos carne de los conceptos de superioridad y conquista, avanzando con la campaña sureña de Roca y sus huestes “civilizadoras”, como si no hubiera barbarie más atroz que la que practica el que teniendo el conocimiento y la fuerza, la aplica para avasallar a los demás.

No es mi deseo el continuar con tal análisis que por un lado me duele profundamente y por otro no devino de acciones injustas, en las que participaron de un lado y de otro ancestros de casi todos nosotros, pero sí reconocer que de allí venimos y que lo menos que podemos reconocer de los mermadísimos hermanos actuales de pueblos originarios, es su derecho a cuando menos estar enojados y desconfiando de los intereses de esta Argentina que fundada por ellos y sobre ellos, una vez más les niega sus derechos.

¡Vergüenza nos debería dar el que apenas reclamaran las pequeñas porciones de tierra para poder vivir! Legítimo derecho tendrían de reclamar onerosas pensiones para sus comunidades, luego del genocidio al que los hemos sometido, y en cambio lo que solicitan es que los dejemos vivir en paz.

Bien podríamos exaltar y aprender sus valores de buen vivir, de espiritualidades practicadas en el día a día, de respeto a todas las formas de vida y de honra permanente a la Naturaleza como nuestra Madre dadora de vida. Si practicáramos los conceptos que atesoran y comenzáramos mínimamente a valorar los bienes intangibles, entenderíamos que nuestras enfermedades actuales -divisiones tontas, violencias, femicidios, cánceres, depresión, ancianos olvidados, etcétera y más etcéteras-, provienen justamente de aquello material que pretendemos denodadamente alcanzar y nos aleja cada vez más del bienestar. ¡Jamás fueron quienes más tienen los que mejor viven!

Siento que hoy nuevamente estamos a tiempo, porque la historia de la humanidad se escribe en el presente con una oportunidad de gestar una Argentina en paz para todos, como siento también que sustentando supuestos avances en una nueva injusticia histórica, sólo estaremos sembrando un nueva semilla de dolor y hoy podemos sembrar justicia y reparación.

Honremos entonces la sangre y la cultura de la que provenimos en gran parte. Afirmemos pues, sin miedos absurdos, el derecho a la tierra en la que viven y vivieron las comunidades. Asimilemos todas las sabidurías -por supuesto también las que vinieron a nutrirnos de otros lados- y eligiendo lo que de toda esa diversidad nos hace bien, veremos florecer nuestra Argentina en paz y fraternidad.

¡Muchas Gracias!

*Biólogo. A cargo de la Reserva Natural Parque Esc. Rural “E. Berduc” Ruta 12 Km 23 1/2, La Picada, Paraná, Entre Ríos.
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