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20/03/2017 -  tiempo  2' 54" - 987 Visitas Argumentó que se retira para cuidar a su madre Otra baja en la Diócesis de Paraná: el párroco de Hasenkamp pidió licencia
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Alfonso Dittler.
Alfonso Gabriel Dittler se despidió ayer como párroco de San José, de Hasenkamp. No va a otro lugar, sino que pidió una “licencia” especial que algunos calculan en un año. Eligió una celebración peculiar para despedirse: lo hizo en la misa de la tarde, durante la fiesta patronal de San José, a la que se esperaba la visita del arzobispo Juan Alberto Puiggari, pero a la que no asistió. Aunque por ahora temporal, el alejamiento de Dittler se suma a una larga lista de bajas en las filas del clero paranaense: en 2012, en medio del escándalo del caso del cura Justo José Ilarraz, se fue uno de los prinicipales impulsores de la investigación sobre la pederastia en la Iglesia, el entonces sacerdote José Carlos Wendler; le siguió José Dumoulin, y el exilio de Leonardo tovar; después, la renuncia de Gustavo Mendoza, y en medio, en mayo de 2016, se conoció la dimisión del cura Miguel Oviedo tras quedar embarazada su novia en María Grande.
A eso, se sumó la “suspensión” de tres curas investigados en la Justicia por abusos a menores, dos de ellos con destinos en distintos puntos de la provincia. Justo José Ilarraz, radicado en Tucumán; Marcelino Moya; y Juan Diego Escobar Gaviria.

Respecto de Ditller, una de las versiones que comenzó a correr en Hasenkamp –un pueblo ubicado a 90 kilómetros de Paraná— sostiene que el párroco pidió un tiempo de “licencia” para cuidar a su madre.

No fue muy locuaz el sacerdote respecto de su destino inmediato. En la misa de este domingo por la tarde dijo algunas pocas cosas. Justificó su ida en el hecho de que está “cansado” y que para su “conocimiento espiritual” se va a tomar un tiempo, “poco, breve”, argumentó, y que va a destinar esa dispensa del servicio sacerdotal para cuidar a su madre.

Dittler eligió irse en la festividad de San José, patrono de Hasenkamp, durante una fiesta religiosa que este año tuvo como lema “San José, aumenta nuestra fe”. Fue un domingo de mucha celebración: arrancó por la mañana, con una bicicleteada para los niños, siguió con la venta de asado con cuero y empanadas y concluyó con la misa y procesión, por la tarde, tras lo cual hubo una peña folclórica en el salón de la Escuela Santa Felicitas.

Dittler, un cura de carácter expansivo, “que siempre cae bien”, según lo definen quienes lo conocen, llegó a Hasenkamp a comienzos de marzo de 2012, cinco años atrás.

Pero su nombre tiene más sonoridad no por su trabajo pastoral, sino por ser uno de los nombres que figuran como testigos en la causa que investiga los abusos del cura Justo José Ilarraz cuando fue prefecto de disciplina en el Seminario Arquidiocesano de Paraná, entre 1985 y 1993.

Dittler declaró en la investigación que hizo la Iglesia y también en la causa que se tramita en la Justicia.

En la expediente Ilarraz se lee que Dittler se desempeñó como “bedel”, una especie de preceptor de los seminaristas, tarea que cumplió durante dos años, entre 1990 y 1991. En la Justicia, dijo que Fariña le solicitó que declare en las actuaciones diocesanas, porque había estado de bedel trabajando en conjunto con Ilarraz. Que Fariña simplemente le preguntó si había visto alguna actitud “desordenada” en el trato con los chicos por parte de Ilarraz. Reveló no saber si “era tan común” que Ilarraz fuera a la noche a la pieza de los seminaristas, pero “el padre era el prefecto a cargo e iba y que ellos, los dos bedeles tenían una habitación y que a las 22,30 o 23 horas, iban a descansar porque al otro día tenían clases o que estudiar.

Finalizó diciendo que antes de esta investigación no tenía conocimiento sobre los hechos que trascendieron mediáticamente”.

Dittler declaró el 2 de septiembre de 1996 durante la peculiar investigación que ordenó el ex arzobispo Estanislao Karlic, y que se desarrolló en la Parroquia San Cayetano, donde el sumariante, el cura abogado Silvio Fariña, en vez de indagar sobre la conducta del investigado, preguntó casi todo el tiempo sobre la víctima. Dittler solamente contó que una de las víctimas solía pasar tiempo en la habitación de Ilarraz, hecho que juzgó como “normal”.
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