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08/03/2017 -  tiempo  6' 53" - 4275 Visitas Paro internacional de mujeres Realizaron una intervención en la Catedral: “Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”
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El presupuesto destinado a las Iglesias supera en 270 veces lo dispuesto para combatir la violencia de género.
Este miércoles se desarrolla en el país y otros 55 Estados el paro internacional de mujeres, en el día internacional de la mujer trabajadora. En esa línea, una organización feminista realizó una intervención en la Catedral de Paraná que constó de mujeres disfrazadas de brujas, en relación a la quema que impulsó la Iglesia en los inicios de la Edad Moderna. "Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar", señaló Nadia Burgos, una de las militantes que llevó a cabo la intervención que se desarrolló sin ningún tipo de problemas en la explanada de la Iglesia más significativa de Paraná, según registró ANALISIS DIGITAL. En un contexto de violencia contra la mujer y reiterados femicidios, criticaron -mediante comparación- las prioridades presupuestarias del Estado: "El subsidio que se le da a la Iglesia es 270 veces mayor que la plata que el Estado destina para la violencia de género", lamentó. Por JCB de ANALISIS DIGITAL

Todos los avances que se han dado en la visibilización de la problemática de violencia de género surgieron gracias a la posibilidad de que muchas mujeres alcen su voz y avancen en la organización de las bases para poder ampliar la potencialidad de sus reclamos. Este 8 de marzo, además del día internacional de la mujer trabajadora, se desarrolla en 56 países una medida de fuerza que se denominó paro de mujeres.

En ese marco, la organización Juntas y a la Izquierda desarrolló una intervención en la Catedral de Paraná que constó de seis mujeres disfrazadas de brujas, desmayadas en las escalinatas de la Iglesia emblemática que se despiertan y realizaron un discurso. Allí, se pidió por la separación de la Iglesia y el Estado, relación clave para comprender las limitaciones que existen a la hora de avanzar en medidas que solucionen los problemas ligados a la violencia de género.

El primero es netamente presupustario y Nadia Burgos lo explicó con sencillez: "Hoy en día el Estado nacional reparte para la Iglesia un subsidio aproximado de 26 mil millones de pesos por año. Ese subsidio es 270 veces mayor que la plata que el Estado destina para la violencia de género. El presupuesto para la violencia de género destinado por el Estado nacional es de 96 millones, nada más".

La Iglesia católica representa a la mayoría del pueblo argentino, esto es algo difícil de negar. Pero también es difícil de negar que el Estado representa -o debería representar- a la totalidad de la población, incluyendo a todas las creencias existentes. Sigue siendo difícil de argumentar que el Estado que debe ser de todos financie una religión de un grupo determinado de personas.

La necesidad de combatir seriamente la violencia de género se ve día a día en los portales de noticias. Entre Ríos es la segunda provincia con más casos de femicidios en el país. Las estructuras del Estado no sirven como resorte y los pocos espacios que trabajan para combatir esta problemática no tienen presupuesto acorde para su envergadura.

Pero lo presupuestario no es lo único. La injerencia de la Iglesia en la vida de todas las personas -creyentes o no- es más amplia. El lobby y las presiones de la institución católica hace que no se pueda avanzar en la aplicación de leyes que garantizan derechos elementales para la ciudadanía y las mujeres. En nuestra provincia no se ha podido aplicar la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas públicas debido a la influencia de la Iglesia en los asuntos de la política gubernamental. La necesidad que los alumnos tengan conocimiento sobre los pormenores de la vida sexual se torna cada día más importante, puesto que son herramientas para que los jóvenes puedan afrontar su vida sexual con mayores certezas y libertad.

Para la Iglesia la cuestión sexual sigue siendo algo que deba reducirse a la esfera de lo privado, de lo íntimo. Quedando así todo resguardado bajo cuatro paredes y sostenido por el principio moral que impediría -en los hechos, hace tiempo ya no es así- un desarrollo de una vida sexual en total libertad. Además, la LESI brindaría herramientas a los jóvenes de todos los puntos de la provincia para comprender los pormenores de la reproducción y la prevención de enfermedades.

"Venimos a exigir la inmediata separación de la Iglesia y el Estado, la inmediata eliminación de los subsidios a la Iglesia Católica y a las escuelas católicas. Aquella escuela que no pueda sostenerse sin los subsidios, que el Estado tome control sobre la misma, porque se ponen en juego muchas cosas: como por ejemplo, la injerencia de la Iglesia en nuestras vidas se manifiesta en el impedimento para que se aplique en nuestra provincia la Ley de Educación Sexual Integral", agregó Burgos.

Otra de las cuestiones donde la Iglesia influye de manera concreta en la vida de todas las mujeres es en las presiones que ejerce para que no se cumpla el derecho adquirido del aborto no punible. De hecho, en nuestra provincia no se ha adecuado la norma al protocolo nacional. "Esto significa vulneración de derechos a muchas mujeres", puesto que aquellas mujeres violadas o que corre riesgo su vida, no tienen los mecanismos rápidos, necesarios y legales para poder acceder a un aborto sin que se las criminalice.

Mucho más interfiere en la negación del debate sobre el aborto legal, seguro y gratuito que distintas organizaciones sociales vienen reclamando bajo la consigna clara: "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir". Como se ve, en las tres frases que componen dicha consigna la Iglesia tiene un claro interés por rechazar que se lleve a cabo. Es pública la posición de la institución eclesiástica sobre la utilización de anticonceptivos y su concepción sobre el sexo a partir del matrimonio y con el sólo fin de procrear, aunque el tiempo haya acomodado las cosas con un manto de mayor realidad y haga quedar a esta posición como arcaica e imposible de llevar a cabo.

"En el marco del paro internacional de mujeres que se está desarrollando este día, en más de 55 países, no podíamos dejar de reclamar frente a la Catedral de Paraná. La Iglesia es una de las instituciones que reproduce la opresión hacia la mujer, nos parecía que no podíamos pasar este día sin pedir por el Estado laico y exigir que la Iglesia católica deje de intervenir en asuntos que tienen que ver con la salud y la vida de todas las mujeres", explicó.

Las brujas y el rol de la mujer

Desde que se da el nacimiento, las mujeres traen la mochila al imperativo de cumplir un rol determinado en la sociedad y la familia. Si bien esto también ha ido siendo modificado con el tiempo, sigue vigente esa doctrina sociocultural que insta a las mujeres a ser amas de casa, madres y su subordinación al varón.

La figura emblemática de las brujas, víctimas de la persecución de la Iglesia -y otras instituciones- durante la Edad Media fue tomada como ejemplo por estas mujeres que se manifestaron frente a la Catedral. Las mujeres que entonces se oponían al rol asignado por la cultura religiosa, patriarcal y machista eran señaladas, estigmatizadas, criminalizadas y descriptas como brujas. La pena era la de muerte.

"Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar. Lo que para la Iglesia significó la quema de tantas mujeres, simplemente fue la primera lucha para poder recuperar la soberanía sobre nuestros cuerpos. A las mujeres se las indicaban como brujas y se las quemaban porque eran mujeres que querían vivir libremente su sexualidad y su vida", describió la militante social.

Ese rol asignado es el que muchas mujeres ponen en cuestionamiento hoy en día. El problema para la Iglesia es que este intento por modificar lo establecido, trastoca la institución que sostuvo la religión dominante durante siglos: la familia constituida como dios manda. "Nostras estamos cuestionando el rol que la Iglesia reproduce y profundiza, que es el rol de mujer como madre y objeto".

En esa línea y para finalizar, Burgos señaló que "hay una doble moral" ya que se asustan por el reclamo de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo (aborto) y por la exigencia de que los alumnos de las escuelas aprendan los pormenores de la vida sexual (LESI), mientras que ante los abusos sexuales a menores por parte de los "representantes de dios en la tierra" las críticas de la institución son nulas o timoratas.
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