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19/08/2011 -  tiempo  5' 17" - 7751 Visitas Columna de opinión Represa de Paraná Medio: alarmante y peligroso reflotamiento
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Esta semana reapareció en escena el añejo proyecto.
El proyecto de la Represa de Paraná Medio tiene su historia. Planteado por expertos rusos iniciada la década del 80 y acogido por organismos argentinos con centro en la Gerencia Paraná Medio de Agua y Energía, finalmente se diluyó tras la guerra de Malvinas. Pero transcurrido el tiempo, en 1996 surgió una propuesta del consorcio norteamericano EDI (Energy Developers International), convenciendo en principio al presidente Carlos Menem y al gobernador Jorge Busti. La lucha popular resistió esa idea y además de lograr un fallo judicial favorable que acogió un amparo de entidades ambientalistas, consiguió que el propio Busti terminara propiciando la Ley 9092 que declara a Entre Ríos libre de represas, extendida luego al río Gualeguay por iniciativa de la diputada radical Cristina Carbini de Miranda. Como si fuera poco, la norma fue reflejada en el artículo 85 de la reformada Constitución entrerriana En 2004 un funcionario correntino desempolvó la iniciativa y en 2009, Juan Carlos Chagas -como funcionario de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande- se entusiasmó con la idea generando su ignorancia concluyentes cuestionamientos. Y esta semana, según revela el especialista Jorge Daneri, reaparece en escena el añejo proyecto, alentado por la Secretaría de Energía de la Nación. La defensa férrea del federalismo y del Estatuto provincial, están a prueba ante el alarmante intento. Por Luis María Serroels, especial para ANALISIS DIGITAL

De acuerdo a lo expresado por Daneri, se estaría maquillando el proyecto original llevando el emplazamiento más al norte que la iniciativa menemista que contemplaba tenía dos partes: una a la altura de Goya (Corrientes) y otra en El Chapetón (cercana a Paraná) y así se informó días pasados durante la Conferencia sobre Cambio Climático celebrada en la ciudad de La Plata, donde aviesamente se desconoció no sólo la ley entrerriana y su Constitución, sino que, peor aún, también parece ignorarse nuestra Ley Suprema en sus artículos 41 (“derecho de los habitantes a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano…”) y 124 (“Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”). Pero además se deja de lado que no sólo ya no se construyen represas en ríos de llanuras -por sus resultados destructivos y altísimo costo de reparación de los daños provocados en su entorno-, sino que las que están funcionando van siendo progresivamente desmanteladas.

Muchas y sólidas razones pueden esgrimirse para que no se impulse una mega obra como Paraná Medio, sustentadas en el pensamiento técnico-científico, pero a pesar de la argumentación y legislación demoledoras, siempre aparecen autoritarias decisiones de quienes pierden visión del bosque por dejar que un árbol se lo impida. Los cantos de sirena de los ultra desarrollistas a cualquier precio y bajo la mira del fundamentalismo utilitario, no miden consecuencias colaterales que comprometen la existencia de las actuales y venideras generaciones.

El anuncio realizado en la capital bonaerense, despierta lógica preocupación y además genera asombro porque no se consideran energías alternativas no contaminantes y más baratas. Sabemos que existen países donde tienen altamente desarrollada la energía solar, la eólica, la geotérmica y la biomasa, entre otras. Esa posibilidad, al decir del doctor Daneri, está fuera de la agenda de nuestro gobierno. El imaginario popular no tarda en percibir que detrás de estas mega obras siempre se instalan maniobras non santas y si alguna prueba se requiere, citemos a la represa de Yacyretá, bautizada por Carlos Menem como “monumento a la corrupción”, que demoró 37 años en terminarse y cuya inversión final resultó casi diez veces superior a la originalmente presupuestada (se trató de una torta donde cupieron muchas dentaduras).

Rechazada por expertos internacionales por estar emplazada en un sitio inadecuado y resistida por organizaciones ambientalistas, tendrá ahora una ampliación con cinco nuevas turbinas a instalarse en un brazo del río. Se llamará Aña Cuá y su construcción acaba de ser acordada por los presidentes de ambos países, Cristina Fernández y Fernando Lugo. La señora de Kirchner señaló que “es un día histórico, vamos a iniciar obras que van a contribuír a hermanar más a nuestros países” y “permitirá seguir generando energía para producir y seguir creciendo”. Estas consideraciones son un correlato del entusiasmo revelado cuando se inauguró la elevación de la cota original de Yacyretá (de 76 a 83 metros), acentuando los perjuicios en la región, impiadosamente sometida por un falso concepto de desarrollo o en todo caso, un “desarrollismo sin límites” como lo califica Daneri.(recordemos que el Ente Binacional Yacyretá llegó a ser sancionado por el Tribunal Ético contra la Corrupción, por violar los derechos humanos de los habitantes de la zona afectada).

Volviendo a Paraná Medio, lo sucedido en La Plata es un fuerte alerta que debería tener una exhaustiva lectura y una clara respuesta por parte del gobierno entrerriano, porque se sabe que a veces basta un llamado telefónico desde la Casa Rosada para direccionar decisiones que son obedecidas a libro cerrado. El debate, tarde o temprano, se reabrirá y en esto Sergio Urribarri tendrá una inmejorable ocasión de dejar sentado su proclamado apego por el federalismo –una cuestión muy discutida en virtud de ciertas posturas- y por la Constitución de la provincia que él promulgó y sobre cuyo texto juró (por supuesto que también la presidente tendrá que consultar la Carta Magna y el fallo que el Juez Federal Aníbal María Ríos dictó el 2 de mayo de 1997, declarando inconstitucional el Decreto menemista que impulsaba el uso del río en abierta violación de nuestra Ley Madre).

De hecho el gobernador no debería pedirle asesoramiento a Juan Carlos Chagas, actual presidente de Energía de Entre Ríos Sociedad Anónima, quien ya sentó posición -a nuestro criterio equivocada- cuando propició reactualizar el proyecto tras una gira por China, Rusia y Ucrania.

Los pueblos originarios cuyas culturas nacieron hace diez mil años, mantenían una cultura fuertemente ligada al agua, al aprovechamiento racional de sus bondades y a la protección del ecosistema. Según Ramsar (que establece los sitios que deben preservarse para que la vida no se extinga y se respete la sustentabilidad de los recursos naturales), la dependencia de los seres humanos de las zonas húmedas sigue vigente hoy en día. Vida humana, flora y fauna que se desarrollan gracias a esta bendición, son sinónimos de supervivencia y ninguna medida basada en un falso progreso, puede prosperar sin caer en el atropello impune. Las grandes represas, alentadas por estadistas flacos de información, “son un paradigma de lo que no se debe volver hacer”, al decir del hidrólogo paraguayo Elías Díaz Peña. Si esto no bastase para convencer, recordemos una antigua sentencia: Dios perdona siempre, el hombre perdona a veces pero la naturaleza no perdona nunca.
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